Las células madre mesenquimales tienen la capacidad de pre diferenciarse a diversos tejidos, para regenerarlo. En este caso en particular pueden aplicarse tras ser pre diferenciadas a células progenitoras de músculo, en combinación con linfocitos activados.
En una primera instancia, el material celular controla el proceso inflamatorio para detener el daño y generar un ambiente propicio para la reparación del tejido comprometido.
La reparación se cumple mediante la transformación de las células madres implantadas en el tejido objetivo: los músculos atrofiados o lesionados. Se activa entonces un proceso de reparación del tejido que subsana el daño.

Existen diversos tipos de daños o lesiones musculares susceptibles de ser tratados con terapia celular.
Algunas de estas lesiones generan la cicatriz fibrosa, que se produce cuando el tejido muscular es reemplazado por tejido fibrótico. Cuanto mayor es la extensión de la fibrosis mayor es la consecuencia funcional para el músculo. La fibrosis está asociada a disminución del volumen muscular, signos de atrofia muscular en las zonas vecinas a la cicatriz, pérdida de la elasticidad y fuerza contráctil y predispone a nuevas lesiones.
La evidencia clínica presentada muestra la evolución de un músculo tibial anterior con signos graves de atrofia antes y después del tratamiento. El estudio histológico inicial revela una presencia mínima de fibras musculares, desplazadas por una infiltración predominante de tejido graso y fibrosis. Tras la aplicación del protocolo de células, el seguimiento ecográfico identificó áreas de regeneración que, al ser analizadas mediante biopsia, confirmaron la formación de tejido muscular nuevo, sano y estructurado. Este caso documenta la capacidad de la terapia celular para revertir procesos degenerativos crónicos y restaurar la arquitectura muscular perdida
Con el objetivo de evitar la fibrosis residual y acelerar los tiempos de recuperación la terapia celular es una alternativa que aporta el material y la inflamación específica para que se regenere el tejido con la arquitectura e histología propias de un músculo sano lo que permite mantener intacta la función contráctil y la elasticidad muscular.
El tiempo de curación de un desgarro muscular puede tardar entre 3 a 16 semanas de acuerdo con la magnitud de la lesión. En la curación de los desgarros participa la capacidad de regeneración del tejido muscular y la cicatrización fibrosa.
El tratamiento busca estimular la regeneración para que compita con la cicatrización. El tipo de inflamación y la cantidad de materia prima disponible para generar nuevo músculo son esenciales para controlar la fibrosis.
La utilización de células madre diferenciadas a músculo con linfocitos específicos tiene como objetivo aportarle al tejido dañado la materia prima necesaria y el ambiente inflamatorio que evitan la fibrosis y favorecen la restitución de la estructura del músculo.
Es una enfermedad que se genera por la lesión del anillo que amortigua el peso entre las vértebras de la columna.
Existen diferentes grados y mecanismos de lesión muscular.
Se consideran lesión muscular directa los casos de:
Las lesiones musculares indirectas son el resultado de una fuerza intrínseca generada por una contracción repentina del músculo. Estas son las que se conocen comúnmente como:
El tejido muscular determina entre el 40 y el 45% del peso corporal, la fibra muscular es su elemento estructural básico y está compuesto por una larga estructura de células conectada con el tendón o hueso sobre el cual actúa. Los músculos producen y modulan el movimiento de las articulaciones y están controlados por los nervios periféricos.
Tradicionalmente, las lesiones musculares —como desgarros, contusiones severas y atrofia— se han abordado mediante protocolos centrados en el control de la sintomatología y la rehabilitación física. En la fase aguda, el tratamiento estándar consiste en la aplicación de crioterapia, compresión y el uso de fármacos analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos para limitar el edema y el dolor. Si bien estos métodos logran estabilizar la lesión inicial, su capacidad para incidir en la regeneración biológica del tejido es limitada, enfocándose primordialmente en la gestión de la inflamación.
En casos de atrofia o desgarros de mayor grado, el tratamiento conservador se basa en la fisioterapia prolongada, que incluye ejercicios terapéuticos progresivos y electroestimulación neuromuscular para intentar recuperar la masa y funcionalidad perdidas. Sin embargo, en desgarros significativos o procesos de atrofia crónica, es frecuente la formación de tejido cicatricial (fibrosis) e infiltración grasa, lo que compromete la elasticidad y la fuerza del músculo a largo plazo. En situaciones de rotura total, la intervención quirúrgica es la opción convencional para la sutura del tejido; no obstante, esta conlleva riesgos anestésicos y no garantiza la restauración de la arquitectura muscular original, presentando en ocasiones una recuperación incompleta del rendimiento motor previo a la lesión.
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